
Click!
Bien, ha sonado el primer cierre. Un suspiro, profundo.
Debo estar totalmente loco, por supuesto que debo estarlo. Eso, o lo que estoy es harto, cansado. Cansado de mí, de la vida que he estado llevando.
Sonrío, sin estar pensando en nada gracioso, más bien al contrario. Algo me dice que debo estar metiéndome en algún lío. Bueno, eso es algo seguro.
Todo ha empezado hace poco, nada. Quizá dos horas? No creo que ni llegue.
Aeropuerto de Barajas, Madrid.
11:23 de la mañana.
-Muchas gracias Sr. Aguilar. Aquí tiene su billete, si lo desea ya puede pasar a zona de embarque.
La Srta. me dio amablemente mis papeles con una preciosa sonrisa. Es de agradecer, ya que llevaba un buen rato en el aeropuerto, viendo como el avión que debía coger hace mucho se había retrasado continuamente.
Estos viajes de negocios eran un perfecto atractivo cuando empecé en la empresa, pero en demasiadas ocasiones tengo problemas con los vuelos, lo que hace de estos viajes una incógnita, bastante molesta en no pocas ocasiones.
La puerta de embarque ni siquiera se había abierto, así que decidí sentarme, otra vez. El vuelo no iba a ser corto, con escala en Barcelona, de ahí a Londres y finalmente a Chile, así que pensé que sería buena idea comprar alguna revista, ya que mi dosis de paciencia se había acabado con tanta espera, y aún quedaba el vuelo.
Como es costumbre, al menos en mí, esa fácil elección que es una sencilla revista de lectura se convirtió en una verdadera prueba, ya que normalmente ninguna termina de convencer, así que acabas comprando alguna absurda, pero que sea gorda, debe durar lo máximo posible. Básicamente compré al peso.
Volvía a paso de jubilado, cuando observé que la gente ya estaba en la fila, empezando a embarcar, por fin una buena noticia!
Como me olí lo que iba a suceder, decidí entrar al baño antes de embarcar, no fuera que me diese el apretón y lo pasase realmente mal, ya me ha ocurrido en alguna que otra ocasión y el baño de los aviones suelen ser lo peor.
Avancé por el pasillo hasta llegar al cartel “WC” y entré. Estaba totalmente vacío, o al menos eso creí yo, y en completo silencio. Hice lo que tenía que hacer un poco apretado por las prisas, y después me dispuse a lavarme las manos.
Una voz justo detrás de mí me sobresaltó, no había oído entrar a nadie.
-Ya era hora joder! Lo tienes justo ahí dentro, date prisa y no te entretengas, ya sabes lo que hay que hacer.- Dijo en un tono bajo, casi un cuchicheo.
Miré al espejo para buscar, desconcertado, el autor de esas palabras, pero sólo pude ver a un tipo de color, prácticamente de espaldas, con una camisa de manga corta, pantalón de vestir, un sombrero y gafas de sol, saliendo por la puerta.
Pero qué narices significaba eso?
Nervioso, miré para todos lados, intentando encontrar una respuesta sobre si me estaba hablando a mí o a alguien más que estuviera ahí. No, estaba solo, me había hablado a mí.
Por un instante pensé que lo mejor era salir de allí y embarcar YA mismo, no creí que fuera buena idea tener nada que ver con éste asunto. Por otro lado, aún suponiendo que me había confundido con otra persona, un vistazo a aquello “lo que sea” que hubiera “ahí dentro” me picaba la curiosidad, aún diría más.
Mientras me secaba con el papel decidí, como es obvio, la peor opción, y dando un par de pasos laterales me asomé al “trono” de donde había salido aquel hombre.
Todo estaba en orden, como es normal, pero en el suelo, justo debajo del papel higiénico, había un maletín negro.
Me acerqué lentamente, nervioso por si entraba alguien, histérico diría yo, mirando mil veces a la puerta de entrada.
Mil cosas se me pasaron por la cabeza, y otras mil hay escritas en el decálogo de cómo no actuar como un perfecto gilipollas, pero pasándomelas todas por el “forro” cogí el maletín de los cojones.
Cuando quise recapacitar ya estaba yendo casi a la carrera a la zona de embarque, ya que entre tanta historia me estaba retrasando, y eso más los nervios hicieron que pensase que me quedaba en tierra, joder eso no.
Así que ya no había marcha atrás, había salido del WC con el maletín negro colgando en mi mano derecha, menudo anormal. Miraba a todas partes, intentando disimular, pero obviamente quien estuviera detrás de todo el asunto, sabría que lo había cogido yo, o no¿?
Al final me ha tocado correr, por una parte por las prisas y por otra por el miedo de no estar ni remotamente solo en ningún momento, ya empieza la paranoia.
Con el maletín apoyado en mis piernas, es cuando empiezo a intentar comprender la magnitud de la gilipollez que acabo de hacer, joder con el “aventuritas”.
He esperado nerviosamente a que el avión despegase intentando disimular lo máximo posible para que la viejecilla de al lado no me vea histérico, ni actuando de forma extraña. Una vez en el aire, y con esa “tranquilidad” que te da saber que la has cagado, y que tan sólo hay una dirección para seguir, analicé mejor el objeto.
Maletín negro, bastante viejo, con dos cierres de seguridad numéricos en dorado, desgastadísimos. Ni marcas, ni olores, ni sonidos en su interior. Lo curioso es que casi no pesa, es como si estuviera vacío, cosa que dudo, no tendré tanta suerte.
“Hale majete, ya estas bien jodido, así que, ahora que?”
Pues eso, a cagarla más.
001, nada, 002, nada, 003, nada….
Así me tiré, probando hasta que ha sonado el “click” del primer cierre. La viejilla de al lado casi ronca, es buena señal.
001, nada, 002, nada…
Tras 34min de pruebas, el segundo cierre salta, y con ese sonido, un chorro de adrenalina inunda mi cuerpo. Ahí esta el maletín, con los dos cierres levantados apoyado en las piernas de un hombre que más que probablemente había cometido un grandísimo error.
Respiré hondo, dos o tres veces, abrí la maleta lentamente, mientras casi se me escapaba una oración.
Joder.
II (por Anonimo)
- Disculpe señor, estamos apunto de despegar, le ruego que cierre el malentin y lo ponga debajo de su asiento- Dijo una simpatica azafata con la sonrisa mas perfecta que habia visto en mi vida.
-Un momento- contesté nervioso.
-Insisto señor.- Aquella cara angelical se tranformo en una milesima de segundo a lo mas parecido al demonio que habia visto en mi vida.
No tuve alternativa. Cerre el maletin que tanto me habia costado abrir y lo guarde debajo del asiento sin saber que habia dentro.
Mi terrorifica azafata no se separo de mi asiento hasta que puse el maletin debajo de mi culo.
Segundos mas tardes entendi por que aquella bella sonrisa se habria transformado en el diablo: El vuelo fue un infierno. El avion no dejo de moverse ni un momento, por lo que no pude volver a abrir el dichoso maletin que habia encontrado.




