El bamboleo del tren hace que lleve un buen rato amodorrado, me falta poco para dormirme.
Cuando me dijeron que tenia que volver una vez más a esta ciudad, me alegré, aunque no me dijeron la cantidad de horas que iba a tener que hacer en tren hasta llegar a ella, supuse que llegaría en avión desde Viena, y en esta ocasión no es así. Curioso el tema éste del recorte de gastos.
Sólo en el compartimiento, he hecho todo tipo de cosas para pasar el rato, leer, escuchar música, dormir, pasear por el tren... me ha faltado solo hacer volteretas, lo dejaré para mejor ocasión.
Como no podía ser de otra manera (si no, no estaría escribiendo sobre ello) algo ocurrió que me saco de mi particular martirio.
Abrí los ojos después de una de mis pequeñas cabezadas, y la vi.
La mujer estaba sentada enfrente de mí, y se había percatado de mi despertar (no sé si de mi sorpresa, espero que no) aunque inmediatamente siguió sumida en sus pensamientos, mirando el exterior por la ventana. Mayor que yo,- diría que rondando los cuarenta- rubia y con el pelo rizado, buen cuerpo y aspecto templado, vestía elegantemente. Menudo bombón. Al final he tenido suerte y todo.
Lo que me queda de viaje con semejante mujer, sí, mucha suerte. Pasan los minutos y sigo fijándome en ella, al principio todo lo disimuladamente que puedo, pero según va pasando el tiempo, más descaradamente. Ella también me mira, obviamente se ha percatado. Debo parar, tampoco quiero molestar.
No puedo saber que me esta pasando, quizá por la sorpresa, o quizá sea realmente por ella, pero llevo ya dos horas mirándola y cada vez me gusta más, y aún me quedan 3 horas de viaje. La situación ha pasado de ser una suerte a ser un suplicio, empiezo a ponerme nervioso encerrado con ella en este espacio tan reducido. Me he fijado ya en todo lo que podía fijarme.
En mitad de ese largo e incomodo silencio me habla.
- Perdona pero, eres español?
- Pues si, como lo sabes? Tengo aspecto de español? – (Los dioses existen!!??)
- Jaja pues no, la verdad es que más bien al contrario, pero todo lo que llevas para leer esta en español, acabo de fijarme.
(Pues claro, tonto)
Desde este momento comenzamos una muy agradable conversación, interrumpida tan solo por pequeñas cabezadas o idas y venidas, ya que ciertamente tampoco pretendo ser un pesado, aunque me estoy muriendo de ganas de hablar con ella constantemente, y lo peor, de preguntarle cosas bastante más personales.
Al final o me volveré loco, o quedaré como un imbécil, o le diré algo, o (lo más probable) me guardo mis ganas de conocerla, de saber aun más de ella y no pasara nada.
Llegada a la maldita ciudad. Obviamente he elegido la ultima opción, como no, puto cobarde. No me he atrevido a decirle nada, ni aun tras la cordial despedida que me brinda. Si, es cierto, soy lo peor.
Bajo del tren, y automáticamente voy donde paran los taxis, más como una huida que por tener prisa. (La he perdido de vista, para siempre, me temo). Y sin mirar atrás, por supuesto.
Observando por la ventanilla del coche se reafirma el convencimiento de que esta ciudad me encanta. El taxi me lleva rápidamente hacia el hotel, casi atentando contra la integridad de otros coches y hasta de los propios viandantes (como es costumbre aquí). Sin duda si los coches turcos no tuvieran claxon, no se conduciría en ésta ciudad.
Calles y edificios, en su mayoría familiares para mí, pasan sin cesar, mostrando el característico bullicio de sus gentes que desde el primer momento me encandiló. Gente andando por aquí, por allá, otros parados en medio de la calle (desconozco si ociosos o no) puestos ambulantes, colores, sonidos, ruidos, y me atrevería a decir que hasta olores, mezclados con todos los quehaceres y ajetreos cotidianos tan solo interrumpidos (enamorándome una vez mas) con un llamamiento a la oración, oyéndose en todos los rincones de esta tan preciosa ciudad que es Estambul.
No es la primera vez que vengo aquí, obviamente, ni la segunda, es un destino habitual para mí (de negocios por supuesto, y hasta en un par de ocasiones por placer). Probablemente este cerca de la decena de veces que he visitado esta espectacular ciudad, y el resultado es siempre el mismo.
Llegamos por fin al hotel, el de casi siempre, el Pierre Loti Hotel, inconfundible con sus luces azules y moradas en la fachada exterior, me encanta. Buen exterior, mejor interior, y unas vistas increíbles a la mezquita de Haya Sofía desde las habitaciones, este hotel es mi preferido del barrio de Sultanahmmet. Desde que tuve la grandísima suerte de conocerlo, no he ido a otro. No es por el lujo, más bien es por un conjunto de cosas, un “todo” inexplicable que hace que me sienta bien, tranquilo. Quizá sea su restaurante en la terraza, con vistas al puerto, lo que me atrae tanto, ya que es ahí donde muchas veces paso mi escaso tiempo libre pensando y relajándome antes de irme a descansar.
Después de dar mi nombre en recepción, subo a mi habitación dispuesto a dejarlo todo rápido y darme un paseo por la ciudad, para desentumecer músculos, y como no, para pensar un poco. Sí, por que no, también en ella.
Gran ciudad, preciosa. Siempre que tengo que hablar de este lugar, dejo bien claro que el sitio donde mejor me han tratado jamás ha sido Turquía, y he estado en bastantes países, más de 30 probablemente. Nadie puede llegar a imaginar el tremendo encanto que esconde cada rincón de la ciudad.
Saboreo mi paseo, ya que esta es la última noche de los 5 días que me esperan en la que podré disfrutar de un paseo tranquilo, de relax, no creo que luego tenga fuerzas para mucho más. Después una cenita, ver un poco la televisión, y hale, a la cama, que te espera un día duro.
En lo cierto estuve ayer, y nadie se imagina cuanto. Ha sido un día duro, estoy molido.
Mi trabajo realmente no es algo tan duro como la minería por supuesto, pero la tensión y el estar de un lado a otro con reuniones y negociaciones te destrozan, acabas hasta los mismísimos. Por suerte, la cosa hoy ha ido bien, así que dentro de todo lo malo, no me traigo a la cama más tensiones.
Después de la cena y la ducha, me veo en la misma situación que ayer, tirado en la cama, con la diferencia que hoy la televisión ni la veo, estoy en trance, quedándome dormido, estoy muerto, y es el primer día de reuniones.
Suena el teléfono, son las 23 47.
Sobresaltado, descuelgo el teléfono y respondo, una voz masculina me suelta una retahíla en turco que suena a eso, a turco, y no me entero de nada de lo que dice, paso de todo y le digo, OK.
- Hola? – Digo intrigado.
- Hola, espero no haberle despertado, lo sentiría de veras.- Me contesta una voz femenina.
- Pues no, no se preocupe, estaba viendo la televisión. Con quien hablo?
- Con quien? Bueno, nos hemos conocido en el tren, me recuerda?
Flipo, paso de estar medio tirado en la cama al borde del desmayo a estar sentado, recuperado completamente.
- Si, por supuesto que lo recuerdo, pero, podría preguntarle como me ha encontrado?
- Estoy en el mismo hotel, no ha sido difícil preguntar para averiguar su habitación.
- Vaya, estoy sorprendido.- Mentira, es mucho más, estoy flipando de veras.
- Bueno, espero entonces que no le haya molestado, si es así, dígamelo se lo ruego.
- Nooo, no. Para nada.
- Bien, lo tomo como algo positivo entonces. Para que esto no parezca una tontería, y se quede tan solo en una locura, hablemos un poco.
- Me parece bien.
- Estupendo. Pero antes me gustaría saber una cosa, respóndame a una pregunta. Le gusta jugar?
- Solo a cierto tipo de juegos, éste por ejemplo me esta gustando bastante.
- Bien, entonces no necesito saber nada más. Se quedará mucho tiempo en la ciudad?
- No, solo 4 días más.- Respondí, esto empieza a ponerse muchísimo mas que interesante.
- Bien, pues volveré a llamarle un día de estos, espero que sea buen jugador.
- Jaja si, no se preocupe, no haré nada por encontrarla, si a eso se refería.
- Buenas noches Sr. X.
- Buenas noches.
Menuda situación. No me lo puedo creer, no me lo puedo creer, y no me lo puedo creer, hale, tres veces. Increíble. La risa me sale sola, los nervios también claro esta. Me huelo que conciliar el sueño esta noche va a ser....como mínimo, difícil.
Bueno, bueno, vamos a aclarar las ideas. No me ha dicho su nombre, tampoco me ha dicho qué quiere. Que si me gusta jugar? Pero, a qué? Y su nombre? Pero quién es?!! Bueno, no estoy aclarando absolutamente nada, porque es imposible. Las respuestas las tiene ella, y lo ha hecho muy bien como para que yo tenga todas las preguntas y ninguna respuesta. Bueno, que así sea.
Llevo ya 2 días sin saber nada de ella. Ni por teléfono, ni en persona, ni siquiera he logrado cruzarme con ella en el hotel (si es cierto lo que me dijo), y eso que he estado atento, no creas. Paseando más de lo normal por el hotel, y mirando si, por alguna mala casualidad justo ahora me he quedado sin línea en el teléfono de la habitación, como un adolescente. Lo único que he hecho estos días ha sido, esperarla como un loco y prestar la máxima atención a los temas de trabajo, cosa que me ha resultado en ciertos momentos, realmente muy difícil.
Nada, mañana es mi último día aquí en Estambul. Se habrá arrepentido? O precisamente el juego era únicamente la llamada? Estará esperando que la busque? Habrá ocurrido algún contratiempo? Vete a saber, el caso es que mañana es mi ultimo día en la ciudad, (la esperanza es lo último que se pierde, dicen) y no sé nada de ella. Aquí me veo, tirado en la cama pensando en tonterías. A quien le cuente esto…
Me despierto. Está sonando la puerta. Son las 0’30h exactamente, no puede ser.
Me levanto y abro la puerta, claro que puede ser.
Aquí esta ella, con tan solo una pieza de noche gris metalizado encima, sonriendo, y con dos copas y una botella en las manos.
- Puedo pasar?
- Si, por supuesto, bonito... lo que sea eso que llevas puesto.- (Me estoy cagando enterito).
- Jaja, gracias, no creas que normalmente voy así por el hotel, mi habitación es la 108, justo enfrente de la tuya, así es más fácil observar…observarte.
- Muy buena esa, touché.- Si, hace tiempo que he aceptado que la que lleva las reglas del juego es ella.
Suavemente entra y se sienta desenfadadamente sobre la cama, sonríe levemente y me dice:
- Estas preparado?
- Seguro. Para que?
- Pues para jugar...
(Joder, me encanta su sonrisa)
Ahora, echado en la cama, viendo como duerme, recuerdo pausadamente todos los momentos de esta noche mientras paso suavemente mi dedo por su cuerpo. Las palabras, las miradas, los gestos, lo voy recordando todo. Es aun más bonita de lo que me pareció al verla la primera vez. Increíble, menuda noche.
Una sacudida me despierta violentamente. Abro los ojos desconcertado, veo el compartimiento, miro por la ventana y veo que hemos llegado a Estambul, me he quedado dormido. Miro al frente, y sí, ahí esta ella, con un gesto tremendamente avergonzado, creo que se ha despertado también.
Pensará que la he observado mientras dormía? O de alguna manera sabe lo que he soñado? Lo habrá soñado ella también? Es prácticamente imposible saberlo, de todas formas da igual, esta vez no voy a pasar toda mi estancia en Estambul recordando el sueño y pensando en el “que hubiera pasado si...”
Esta vez, voy a escoger la tercera opción.
No hay comentarios:
Publicar un comentario