
Menuda sorpresa!
Días de una espantosa rutina han sido quebrados radicalmente por aquel inesperado aviso de correos que he recibido.
Sin darle más importancia, y sobre todo, sin tener ni la más remota idea de qué puede ser, me dirijo a recoger el paquete.
Una vez hechos los trámites burocráticos, la curiosidad empieza a picarme.
Remitente, desconocido. Procedencia, Italia.
Antes de abrir la caja, como no, reflexiono y me tomo mi tiempo. Realmente no conozco a nadie que pudiera estar por allí y que sepa tanto de mí como para saber mi dirección. Intrigante.
Me decido a abrirla, lentamente, absorto, fascinado. Un envoltorio de plástico blanco, lo retiro con mucho cuidado.
Abro los ojos, jamás habría podido adivinar lo que tenia entre mis manos, una máscara. De color rojizo oscuro, tan solo cubre la parte de los ojos hasta la nariz. Nariz que, por cierto, se alarga hasta mas de un palmo, si, parece una mascara de carnaval artesanal, quien demonios...¿?
Debajo de la mascara, un papel.
Con el corazón a mil, lo abro, esta vez sin dilación. Está CASI en blanco, pero...una dirección, una fecha, un nombre y una palabra, están escritos en el centro, en letra pequeña, tan solo para llamar un poco la atención. La dirección, una café de Venecia. La fecha, 12 de agosto a las 20h, aun quedan casi tres meses. El nombre, el mío. La palabra “VEN”.
Por mucho que busco mas datos dando vueltas y más vueltas a la caja, la máscara y el papel...no encuentro nada más. Quien lo haya hecho se ha tomado muchas molestias para que todo le salga bien.
La emoción y las preguntas que me hago sobre el significado de todo esto, no dejan lugar a dudas, comienza el juego, no hay mucho más que decidir.
Por supuesto que está de más que diga (aunque lo estoy diciendo) que la espera se hizo interminable. Sobre todo cuanto más se acercaba la fecha, parecían días de 53 horas.
Quién podría querer que yo fuera a ese lugar? Por que? Y la fecha? No son carnavales.
En realidad es perder el tiempo, no lo adivinaría jamás, era mejor ir allí y comprobarlo.
El viaje a Venecia, fue bastante largo. Y aún más que lo fue, ya que el café donde se me citaba no era turístico, así que tuve que moverme bastante más de lo que yo pensé en un primer momento. Un sitio pequeño, bastante acogedor para ser sincero, de poca iluminación y decorado en tonos sepia oscuro, no sé si con la intención de evocar tiempos pretéritos, ya que la decoración parecía acompañar, con fotos antiguas en las paredes y retratos de vaya usted a saber quién. Bien, el lugar ya lo tengo claro, hoy es viernes, así que mañana es el gran día, volveré.
Bieen bien, aquí me encuentro de nuevo. Ya sé que aún queda una hora para el momento exacto de la cita, pero para que esperar más?
Dudas, nervios, apuestas sobre quién pueda aparecer desbordan mi cabeza y ocupan el tiempo de espera, atento a cada ruido que hace alguien al entrar o salir del café.
Que historia más inquietante verdad? Allí estaba yo, sentado, nervioso, con el corazón a punto de estallar y con la mascara, como no, puesta encima de la mesa, para que no haya dudas. La hora se acercaba!
Ay amigos míos, sobre lo que ocurrió después, nada mas os puedo decir, ya que ni el día de la cita, el sábado, ni el posterior, domingo (por supuesto que fui) apareció nadie conocido, o siquiera desconocido que me dirigiese la palabra, aun habiendo estado esperando las dos tardes completas.
Así terminó la historia mas extraña que me pueda haber pasado en la vida, volviendo a casa con la intriga -y con la máscara-, que me acompañará durante el resto de mis días.

